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Gruta en directo


"LOURDES DIANA EN MI CORAZON"

Cuando pasaron por casa para decirme si quería escribir algo para nuestra revista "La tercia" me quede parado; al rato dije ¿porqué no?,y aquí me tenéis, sin más títulos periodísticos que los que me conocéis, voy a contaros no cosas de mi niñez, ni de mi juventud, no añoranzas de Horcajo, tantos recuerdos nos traen a todos; os voy a contar un poco mis vivencias desde que me fui a Madrid, después de nacer, crecer y desarrollarme en Horcajo.

En Madrid mi vida me fue bastante bien, en cuanto a trabajo se refiere no me puedo quejar, pero en cuanto a mi vida espiritual fue perdiendo tantos enteros, tantos, que me quede a cero.

De ésta mi vida espiritual es de la que os quiero hablar un poco aún cuando podría llenar hojas y hojas dada la cantidad de vivencias que he tenido hasta hoy.

Como llegué al punto cero que os he mencionado, es fácil imaginarlo pensando en la situación de mi familia que dos de mis hijos son invidentes. Ya os podéis imaginar los sufrimientos de mi mujer y míos ante esta realidad familiar que Dios me presentó y que yo no lo aceptaba; como consecuencia de esta situación mi mujer cayó enferma con una depresión nerviosa grandísima; yo en el espacio de tres años sufrí la pérdida de un riñón y una operación de corazón importantísima.

En este momento de mi vida que no me hablaran de Iglesia, de religión ni de Dios. La vida y el demonio me puso de espaldas a todas estas cosas.

No sé si todos en la vida tenemos un momento crítico o cumbre, me refiero a ese momento en el que estás derrumbado y crees que no hay ESPERANZA.

En ese momento en que me encontraba totalmente vacío, tendí las manos hacia arriba como el que se agarra a un árbol, diciendo ¡Dios mío¡ que todos decimos en esos momentos pidiendo salir de la situación en que nos encontramos.

Entre tanto una compañera (un ángel) sabiendo mi situación desesperada, insistió una vez más invitándonos a ir a Lourdes, sitio a donde peregrinaba todos los años como enfermera en el tren de la esperanza.

Así llegó el día, grande para mi, en que yo mismo fui a buscar esa esperanza, entonces ella misma nos preparó todo para embarcarnos en la próxima peregrinación.

Ya en la estación todo me impresionaba mucho, el trabajo incansable de esas mujeres, unas, enfermeras de profesión, otras no, de esos hombres sacerdotes y paisanos, de todo el personal que con ese desinterés se entregan totalmente al enfermo y a toda persona componente de la peregrinación.

Al arrancar el tren, por los altavoces, empezamos a oír el Ave María de Lourdes. Yo no lo había oído nunca y me emocioné tanto o más como en la mejor salve de un siete de diciembre.

En Lourdes, que hermoso todo, cuanta gente llena de ilusión buscando esperanza.

En la gruta, a los pies de la Señora, un rótulo “QUE SOY ERA LA INMACULADA CONCEPCIOU”, que recuerdos, cuanta emoción la Inmaculada Concepción, el Vitor, nuestro Vitor. Cada minuto que pasa entre tantos enfermos de tantas nacionalidades y con tantas enfermedades me encontraba con más ánimo y es que, claro está, todos somos hijos de Dios.

No sé si al día siguiente mi mujer me dijo: Manolo, nosotros no tenemos nada, nuestros hijos están bien, todos estamos bien. Que alegría oír decir a mi mujer esto, porque éstas palabras significaban el principio de la mejoría.

Me quise unir a aquellos camilleros que se tenían que multiplicar llevando y trayendo a los enfermos , ellos no me dejaban, pero yo insistía y una enfermera me decía, dándome puñetazos en el hombro, tú, el año que viene serás camillero. Aquello me hizo pensar y darle vueltas a mi cabeza, porque yo a la vista de lo que trabajaban no me encontraba con fuerzas para desarrollar aquel trabajo esforzado; me fui a la gruta y por primera vez solo y delante de la Virgen estuve hablando con Ella durante mucho tiempo y de muchas cosas. Al final le dije: Señora ¿Tú crees que yo, enfermo como estoy, puedo venir de camillero el año que viene? ahora sé cual fue su contestación, pues me ha permitido desde entonces asistir al enfermo durante todos estos años.

Amigos, estas líneas que estoy escribiendo no creáis que soy yo, cuando me puse a escribir no era capaz de empezar, porque no encontraba ninguna palabra, pero pronto me puse en manos de la Señor y por fín encontré todas estas palabras que no sé si tienen forma o no pero o que sí sé es que son toda una realidad gracias a Dios.

No quisiera terminar sin decir nada del milagro de Luis nuestro paisano.

Todos estos años que llevo yendo a Lourdes, casi siempre oía hablar de algún milagro, de ese milagro que todos esperamos.

Pues bien yo no voy a poner ahora de manifiesto mi fe a la Virgen de Lourdes, casi todos sabéis que tengo una casa aquí en el pueblo que se llama villa Nuestra Señora de Lourdes; pues mi fe en la Virgen es muy grande.

Cuando a mí me hablaban de algún milagro de este tipo, ¡cuanto trabajo me costaba creerlo!, yo creía en muchos milagros, otros, pero no como el de Luis, nunca decía ni sí, ni no, pero me costaba mucho trabajo creerlo.

Paisanos no hay palabras para poder explicar esto, es algo que hay que verlo, algo que hay que sufrirlo y que yo lo sufrí.

Un enfermo me llamó y me dijo: Manolo, ven que a Luis no sabemos lo que le pasa, cuando voy y me lo encuentro sentado en la cama con su cuerpo sobre sus piernas; no se si lloraba o reía pero que si sé es que no podía hablar, por fin habló y dijo: Manolo ¡muevo mis piernas!, pero ¿qué dices Luis?; Manolo que muevo las piernas y durante un rato no decía otra cosa, yo no sabía que hacer, si acostarlo , si llevarlo a la gruta, nadie sabe lo que por mi alma pasaba.

Por fin, lo acosté, le quité el pantalón y le dije, a ver, mueve tus piernas y las empezó a mover levantándolas para arriba, encogiéndolas, que alegría, por fin salí corriendo, quería marcharme a la gruta a pedirle a la Virgen por él.

Cuando salí del hospital, en el hall me encontré a Don Policarpo, nuestro paisano, y a dos o tres más que estaban allí y con mucha alegría y coraje, les dije: Don Poli, a Luis que le pasa esto, ¡pero ¿qué dices?! , Luis que mueve sus piernas . ¿Y el médico? enseguida dijo: vamos, vamos a verlo.

Cuando el médico se puso en la cabecera de la cama y nosotros alrededor, el médico le preguntaba a Luis: cuéntame lo que te pasa, Doctor , que muevo mis piernas. Pero cuéntame porqué no las movías.

Cuando se lo contó, el médico por encima de él con la cabeza nos decía que era imposible que las pudiera mover y entonces cogí la ropa de la cama y la tiré para atrás quedando su piernas al descubierto y le dije: muévelas y las empezó a mover, el médico se quedó asombrado y le dijo: Luis que la Virgen siga realizando tu milagro.

No os podéis imaginar que emoción, yo entonces di un grito enorme, vamonos todos de aquí para irnos a la gruta a pedirle a la Virgen por él; que noche, que día el siguiente cuando la gente lo vio andar empujando su silla de ruedas , que emoción, que alegría, que llorar, todos querían besarlo, tocarlo; y es que no era para menos, porque la Virgen lo había elegido.

Paisanos, el Señor todo lo puede, por mediación de la Virgen su madre, nuestra madre, vamos a amarnos, vamos a amarla con todo nuestro corazón y con todas nuestras fuerzas, que en Horcajo se note que estamos en año mariano, vamos a pedirle por todo el mundo, por el que más lo necesite. ¡GRACIAS SEÑORA, GRACIAS MADRE, GRACIAS! porque de alguna manera también me has elegido a mi.

Manuel DIAZ ROLDAN. Hospitalidad de Lourdes. Madrid.