No quería dejar pasar mucho tiempo desde nuestro regreso de Lourdes para escribir, como siempre hago, esos recuerdos especiales de la Peregrinación. Nuestra frase cuando volvemos siempre es “esta Peregrinación ha sido especial” y es verdad, todas las peregrinaciones son especiales, pero hay algunas que nos marcan, que nos descubren a algo o a alguien, que nos tocan “especialmente” el corazón y esta ha sido una de ellas.
Los enfermos algunos en un estado bastante complicado de salud, pero muy contentos de poder acudir a la Peregrinación. Siempre me he planteado como tienen que llagar de cansados a Lourdes en su estado, y no se quejan. Cuando llegan están un poco desorientados, ellos conocen bien los hospitales y no saben si están en el hospital o en el hotel, sus comentarios nos hacen reír a todos. Entre las risas uno se va dando cuenta del enfermo triste, el enfermo que no ríe porque realmente su enfermedad no le deja, pero aún con todo sonríe.
Por otro lado estamos los hospitalarios, hombres y mujeres que acuden por diferentes motivos a la peregrinación, si tuviera que decir por que acudo no podría enumerarlo, tendría que explicar el por qué de cada motivo para entenderlo. Mi sensación es que cada peregrinación te lleva a la siguiente y te hace tener a Lourdes presente en nuestro peregrinar de la vida diaria. Esto es debido a las vivencias que en ese lugar especial, que es Lourdes, experimentamos cada uno y que cuando las compartimos con alguien solo el que conoce Lourdes desde dentro, desde la convivencia del equipo, puede llegar a entenderlo.
En este mayo del 2008, año Jubilar, la 73ª peregrinación de nuestra Hospitalidad dejó su huella. Un día por la tarde, después de haber estado en la Misa de presentación por la mañana, una enferma del equipo, con enfermedad terminal empeora su situación. Como médico ya no se podía hacer mas, si que podía acompañarla y proporcionarla esos medios espirituales. Quería hacerlo sencillo, tranquilo, sin ruido, sin espectáculo. Hablé con Víctor (el sacerdote del equipo) que estaba allí, y le explique, ya habíamos hablado de ella. Fuimos a la habitación y entre su obnubilación pudo entenderme quien era Víctor, mi amigo, médico del alma y con la disculpa de atender a otro enfermo me marché y los deje solos.
Pasaron unos minutos cuando salió Víctor y me dijo voy a por lo que necesito, los que habían estado mas implicados un camillero y una dama, de años en el equipo, además de la enfermera y yo misma acompañamos a nuestra enferma durante la Unción.
Me gustaría saber transmitiros aquella habitación, se respiraba tristeza, a la vez que una gran paz que era transmitida por la enferma y también por nosotros. Gano el Jubileo (Indulgencia Plenaria) y todos lo ganamos con ella, nunca olvidaré el Padre Nuestro final cogidos de la mano y la frase “hágase Tú Voluntad”, era nuestro abandono humano en Él, con confianza, aceptando lo que tuviera que pasar.
La enferma esta estable, dentro de la gravedad, la trasladamos en ambulancia a Madrid, su pronostico no es bueno, Victor ha estado con ella y le dijo “rezamos juntos”. Ahora seguimos rezando por ella.
Reflexionando en mi viaje de vuelta a casa, pudiendo pensar durante unas horas sin interrupción, me daba cuenta de lo que es el equipo. Primero la enferma, ella con su enfermedad nos proporcionó esta vivencia a todos, es lo más importante del equipo, el enfermo. Sin ellos, nosotros hospitalarios, no tendríamos sentido estar ahí.
Como hospitalarios la ayuda humana a todo lo que necesite una persona del equipo, hace sentirte hermano, sufrir con el que sufre y proporcionarle en cada momento lo que precise.Por último el sacerdote y el médico, hospitalarios también, necesarios en el mismo nivel espiritual el primero y físico el segundo.
Este año con nuestra enferma ganamos el Jubileo, ella y nosotros, nosotros pusimos el medio para que así fuera y nuestro sacerdote del equipo lo proporcionó.
He sentido profundamente el concepto de equipo con esta vivencia, a posteriori me di cuenta que estaba uno de cada estamento, un eslabón de la cadena ,si uno se rompe, la cadena (equipo) se rompe también.
Desde aquí os doy las gracias a todos, enferma, hospitalario, hospitalaria, sacerdote, enfermera por haberme acompañado en esta vivencia. A pesar de los años siempre es difícil aceptar que son los últimos momentos de una vida, pero que en esta ocasión ha sido de una forma muy especial llena de Luz y Júbilo probablemente la Luz que nos ilumina desde la gruta Nuestra Señora.
Margarita Fernández-Benítez. Médico Hospitalidad de Madrid