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Carta Encíclica
"Le Pelegrinage de Lourdes"
ENCICLICA "LE PELERINAGE DE LOURDES"(2-VII-1957)
EL CENTENARIO DESDE QUE LA INMACULADA VIRGEN MARIA
APARECIERA EN
LA GRUTA DE LOURDES
PIO PP. XII
Amados Hijos y Venerables Hermanos: Salud y Bendición Apostólica
INTRODUCCION: Alegría y gratitud por la Celebración del Centenario de las apariciones de Lourdes
1. La peregrinación a Lourdes que Nos tuvimos la alegría
de hacer cuando fuimos a presidir, en nombre de Nuestro Predecesor
Pío XI, las fiestas eucarísticas y marianas de la
clausura del Jubileo de la Redención, dejó en Nuestra
alma profundos y dulces recuerdos. Por ello Nos es también
particularmente grato el saber que, por iniciativa del Obispo de
Tarbes y Lourdes, la Ciudad mariana se dispone a celebrar con esplendor
el Centenario de las Apariciones de la Virgen Inmaculada en la gruta
de Massabielle, y que bajo la presidencia del Eminentísimo
Cardenal EUGENIO TISSERANT, Decano del Sacro Colegio, se ha creado
con este fin un Comité Internacional.
2. Con vosotros, amados Hijos y Venerables Hermanos, Nos queremos
agradecer a Dios el insigne favor concedido a vuestra Patria y las
muchas gracias derramadas desde hace un siglo sobre la multitud
de peregrinos. Además, Nos queremos invitar a todos nuestros
hijos a renovar, en este año jubilar, su piedad confiada
y generosa en Quien. según la frase de SAN Pío X,
se dignó establecer en Lourdes la "sede de su inmensa
bondad".
PRIMERA PARTE: Francia, el Papado y la devoción a María
1.- La devoción mariana en Francia
3. Toda tierra cristiana es tierra mariana, y no existe pueblo rescatado
por la sangre de Cristo que no se ufane de proclamar a MARíA
como su Madre y Patrona. Esta verdad adquiere sin embargo, un relieve
asombroso cuando se evoca la historia de Francia. El culto de la
Madre de Dios se remonta a los orígenes de su evangelización,
y, entre los santuarios marianos más antiguos, el de Chartres
atrae aún a los peregrinos en gran número y a millares
de jóvenes. La Edad Media que, con SAN BERNARDO principalmente,
cantó la gloria de MARíA y celebró sus misterios,
vio el admirable florecimiento de vuestras catedrales dedicadas
a Nuestra Señora: Le Puy, Reims, Amiens, París y otras
muchas... Anuncian esta gloria de la Inmaculada desde lejos con
sus esbeltas agujas, la hacen resplandecer en la luz pura de sus
vitrales y en la armoniosa belleza de sus estatuas; testimonian
sobre todo la fe de un pueblo que se eleva sobre sí mismo
en magnífico impulso para rendir en el cielo de Francia el
homenaje permanente de su piedad Mariana.
4. En las ciudades y en el campo, en la cima de las colinas o dominando
el mar, los santuarios consagrados a MARíA -humildes capilIas
o basílicas espléndidas- cubrieron poco a poco el
país con su sombra tutelar. Príncipes y pastores,
fieles innumerables han acudido a ellas, hacia la Virgen Santa,
a la que invocaron con los títulos más expresivos
de su confianza o de su gratitud. Invócasela aquí
como Nuestra Señora de la Misericordia, de Toda Ayuda o del
Buen Socorro; allá el peregrino se refugia junto a Nuestra
Señora de la Guardia, de la Piedad o del Consuelo; en otras
partes su oración se eleva hacia Nuestra Seflora de la Luz,
de la Paz, del Gozo o de la Esperanza; o implora a Nuestra Señora
de las Virtudes, de los Milagros o de las Victorias. ¡Admirable
letanía de vocablos, cuya enumeración jamás
agotada narra de provincia en provincia los beneficios que la Madre
de Dios prodigó a través de los tiempos sobre la tierra
de Francia!
5. El siglo XIX, tras la tormenta revolucionaria, había de
ser por muchos títulos el siglo de las predilecciones marianas.
Para no citar más que un hecho, ¿quién no conoce
hoy la medalla milagrosa? Revelada, en el corazón mismo de
la capital francesa a una humilde hija de SAN VICENTE DE PAúL
que Nos tuvimos la dicha de incluir en el catálogo de los
Santos, esta medalla adornada con la efigie de María concebida
sin pecado, ha prodigado en todas partes sus prodigios espirituales
y materiales. Y algunos años más tarde, del 11 de
febrero el 16 de julio de 1858, plugo a la Bienaventurada Virgen
MARíA, con un nuevo favor manifestarse en la tierra pirinea
a una nifia piadosa y pura, hija de una familia cristiana, trabajadora
en su pobreza. Ella acude a Bernardita, dijimos Nos en otra ocasión,
la hace su confidente, su colaboradora, instrumento de su maternal
ternura y de la misteriosa omnipotencia de su Hijo, para restaurar
el mundo en Cristo mediante una nueva e incomparable efusión
de la Redención.
6. Los acontecimientos que por entonces se desarrollaron en Lourdes,
y cuyas proporciones espirituales se miden hoy mejor, os son perfectamente
conocidos. Sabéis, amados Hijos y Venerables Hermanos, en
qué condiciones asombrosas, a pesar de las burlas, las dudas
y las oposiciones, la voz de esta niña, mensajera de la Inmaculada,
se ha impuesto al mundo. Conocéis la firmeza y la pureza
del testimonio, controlado con prudencia por la autoridad episcopal
y por ella sancionado ya en 1862. Ya las multitudes habían
acudido, y no han dejado de ir a la gruta de las apariciones, a
la fuente milagrosa, en el santuario erigido a petición de
MARíA. Se trata del conmovedor cortejo de los humildes, de
los enfermos y de los afligidos, de la peregrinación imponente
de miles de fieles de una diócesis o de una nación;
del discreto paso de un alma inquieta que busca la verdad... Nunca,
dijimos Nos, se vio en ningún lugar de la tierra semejante
efusión de paz, de serenidad y de alegría. Jamás,
podríamos añadir, llegará a conocerse la suma
de beneficios que el mundo debe a la Virgen auxiliadora. "0
specus felix, decorata divae Matris aspectu! Veneranda rupes, unde
vitales scatuere pleno gurgite lymphae!"(¡Oh gruta feliz,
honrada por lavisión de la madre divina! ¡Venerable
roca de la que brotan a raudales las linfas de la vida!).
2. El Papado y Lourdes
7. Estos cien años de culto mariano, por otra parte, han
tejido en cierto modo entre la Sede de PEDRO y el santuario pirineo
estrechos lazos, que Nos tenemos la satisfacción de reconocer.
¿No ha sido la misma Virgen MARíA la que ha deseado
estas aproximaciones? Lo que en Roma con su infalible Magisterio
definía el Soberano Pontífice, la Virgen Inmaculada
Madre de Dios bendita entre todas las mujeres, quiso, al parecer,
confirmarlo con sus propios labios cuando poco después se
manifestó con una célebre aparición en la gruta
de Massabielle ... Ciertamente la palabra infalible del Pontificado
Romano, intérprete auténtico de la verdad revelada,
no tenía necesidad de ninguna confirmación celestial
para imponerse a la fe de los fieles. Pero ¡con qué
emoción y con qué gratitud el pueblo cristiano y sus
pastores recogieron de labios de BERNARDITA esta respuesta venida
del Cielo: ¡Yo soy la Inmaculado Concepción!
8. Por lo tanto, no sorprende que Nuestros Predecesores se hayan
dignado multiplicar sus favores hacia este santuario. Desde 1869,
Pío IX, de santa memoria, se felicitaba de que los obstáculos
suscitados contra Lourdes por la malicia de los hombres hubiesen
permitido manifestar con más fuerza y evidencia la claridad
del hecho». Y contando con esa garantía, colma de beneficios
espirituales a la iglesia recién construida y hace coronar
la imagen de Nuestra Señora de Lourdes, LEóN XIII,
en 1892, concede Oficio propio y la Misa de la festividad en la
aparición de la Virgen Inmaculada María, que su sucesor
extenderá muy pronto a la Iglesia universal; el antiguo llamamiento
de la Escritura encontrará en ella una nueva aplicación:
"Levántate, amiga mía, hermosa mía, y
ven: paloma mía, en los agujeros de las piedras, en la abertura
del muro. Al final de su vida, el gran Pontífice quiso inaugurar
y bendecir personalmente la reproducción de la gruta de Massabielle
construida en los jardines del Vaticano y, en la misma época,
su voz se elevó hacia la Virgen de Lourdes en una oración
fervorosa Y ejemplar: Que gracias a su poderío, la Virgen
Madre, que cooperó en otro tiempo con su amor en el nacimiento
de los fieles dentro de la Iglesia sea de nuevo ahora instrumento
y guardiana de nuestra salvación... que devuelva la tranquilidad
de la paz a los espíritus angustiados; que apresure, en fin,
en la vida privada lo mismo que en la vida pública, el retorno
a Jesucristo".
9. El cincuentenario de la definición dogmática de
la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen ofreció
a SAN PÍO X la ocasión para testimoniar en un documento
solemne el lazo histórico entre este acto del Magisterio
y la aparición de Lourdes: Apenas había definido Pío
IX ser de fe católica que María estuvo desde su origen
exenta de pecado, cuando la misma Virgen comenzó a obrar
maravillas en Lourdes. Poco después crea el título
episcopal de Lourdes. ligado al de Tarbes, y firma la introducción
de la causa de beatificación de BERNARDITA. A este gran Papa
de la Eucaristía estaba sobre todo reservado el subrayar
y facilitar la admirable conjunción que existe en Lourdes
entre el culto eucarístico y la oración mariana: La
piedad hacia la Madre de Dios, observa, hizo florecer una notable
y fervorosa piedad hacia Cristo Nuestro Señor. Por otra parte
¿podía ser de otro modo? Todo en MARIA nos lleva hacia
su Hijo, único Salvador, en previsión de cuyos méritos
fue inmaculada y llena de gracia; todo en MARIA nos lleva a la alabanza
de la adorable Trinidad, y la bienaventuradafue BERNARDITA desgranando
su rosario ante la gruta, que aprendió de los labios y de
la mirada de la Santa Virgen a tributar gloria al Padre, al Hijo
y al Espíritu Santo. Por lo tanto, Nos tenemos la satisfacción,
en este Centenario, de asociarnos a este homenaje tributado por
SAN PíO X: La única gloria del santuario de Lourdes
consiste en el hecho de que los pueblos se sienten atraídos
allí por María a la adoración de Jesucristo
en el Augusto Sacramento, de tal modo que este santuario, a la vez
centro de culto mariano y trono del misterio eucarístico,
sobrepasa, al parecer, en gloria a todos los demás en el
mando católico.
10. Este santuario ya lleno de favores, quiso enriquecerlo BENEDICTO
XV con nuevas y preciosas indulgencias y si las trágicas
circunstancias de su Pontificado no le permitieron multiplicar los
actos públicos de su devoción, quiso, sin embargo,
honrar a la ciudad mariana concediendo a su obispo el privilegio
del palio en el lugar de las apariciones. Pío XI, que había
ido personalmente como peregrino a Lourdes, continuó su obra.
y tuvo la dicha de elevar a los altares a la privilegiada de la
Virgen, que al tomar los velos fue SOR MARIA BERNARDA, de la Congregación
de la Caridad y de la Instrucción cristiana. ¿No autentificaba
a su vez por decirlo así, la promesa de la Inmaculada a la
joven BERNARDITA de ser bienaventurada no en este mundo sino en
el otro? Y ya Nevers, que se honra conservando el relicario precioso,
atrae en gran número a los peregrinos de Lourdes, deseosos
de aprender junto a la Santa a captar como conviene el mensaje de
Nuestra Señora. Pronto el ilustre Pontifice, que seguía
el ejemplo de sus Predecesores honrando con una Legación
las fiestas aniversarias de las apariciones, decidió clausurar
el Jubileo de la Redención en la gruta de Massabielle allí
donde, según sus propias palabras, la Virgen María
Inmaculada apareció varios veces a la Bienaventurada Bernardita
Soubirous, donde con bondad exhortó a todos los hombres a
la penitencia, en el lugar mismo de la asombrosa aparición
que ella colmó de gracias y de prodigios. En verdad, terminaba
diciendo Pío XI, este santuario es considerado ahora con
justo título como uno de los principales santuarios marianos
del mundo.
11. A este unánime concierto de alabanzas, ¿cómo
no habríamos Nos de unir Nuestra voz? Lo hicimos principalmente
en Nuestra Encíclica "Fulgens Corona", al recordar
como lo hicieron Nuestros Predecesores que la Bienaventurada Virgen
María quiso confirmar ella misma, al parecer, mediante un
prodigio la sentencia que el Vicario de su divino Hijo en la tierra
acababa de proclamar con aplauso de la Iglesia entera. Y Nos recordamos
en aquella ocasión cómo los Romanos Pontífices,
conscientes de la importancia de esta peregrinación, no habían
dejado de enriquecerla con favores espirituales y con los beneficios
de su benevolencia. La historia de estos cien años, que os
acabamos de evocar a grandes rasgos ¿no es en efecto una
constante demostración de esta benevolencia pontificia, cuyo
último acto fue la clausura en Lourdes del año centenario
del Dogma de la Inmaculada Concepción?
Mas a vosotros, amados Hijos y Venerables Hermanos, Nos deseamos
recordar especialmente un reciente documento, en virtud del cual
Nos favorecíamos el movimiento de un apostolado misionero
en vuestra querida Patria. Nos quisimos evocar en él los
singulares méritos que Francia se ha conquistado a lo largo
de los siglos en el progreso de la fe católica, y, en ese
orden de ideas, Nos dirigirnos Nuestro espíritu y Nuestro
corazón hacia Lourdes, donde, cuatro años después
de la definición del dogma, la Virgen Inmaculada en persona
confirmó sobrenaturalmente mediante apariciones, conversiones
y milagros la declaración del Doctor Supremo.
12. Hoy, otra vez, Nos nos dirigimos hacia el célebre santuario
que se dispone a recibir a orillas del Gave a la muchedumbre de
peregrinos del Centenario. Si, desde hace un siglo, fervorosas súplicas,
públicas y privadas, han obtenido allí, por intercesión
de MARIA, tantas gracias de curación y de conversión,
Nos tenemos la firme confianza de que durante este año jubilar
Nuestra Señora querrá responder aún con generosidad
a las esperanzas de sus hijos; pero Nos tenemos sobre todo la convicción
de que nos apremia para que recojamos las lecciones espirituales
de las apariciones y para que nos encaminemos por la vía
que tan claramente nos ha trazado.
SEGUNDA PARTE: Las lecciones espirituales de Lourdes y
el Mensaje de María
1. Penitencia y perdón
13. Estas lecciones, eco fiel del mensaje evangélico, hacen
resaltar de manera sorprendente el contraste que oponen los juicios
de Dios a la vana sabiduría de este mundo. Eu una sociedad
que apenas si tiene conciencia de los males que la minan, que encubre
sus miserias y sus injusticias bajo apariencias prósperas,
brillantes y despreocupadas, la Virgen Imnaculada, que nunca llegó
a conocer el pecado, se manifiesta a una niña inocente. Con
compasión maternal, recorre con la mirada este mundo rescatado
por la sangre de su Hijo, en el que desgraciadamente el pecado causa
a diario tantos desastres, y, por tres veces, lanza su apremiante
llamamiento: ¡Penitencia, penitencia, penitencia! E incluso
pide gestos expresivos: Id a besar la tierra en señal de
penitencia por los pecadores, y al gesto hay que unir la súplica:
Rezaréis a Dios por los pecadores. Y así, como en
los tiempos de JUAN BAUTISTA, como en los comienzos del ministerio
de JESúS, la misma exhortación, fuerte y rigurosa,
dicta a los hombres el camino del retorno a Dios: ¡Arrepentíos!.
Y ¿quién se atrevería a decir que esta incitación
a la conversión del corazón ha perdido actualidad
en nuestros días?
14. Mas ¿podría la Madre de Dios venir junto a sus
hijos en otra forma diversa de mensajera de perdón y de esperanza?
Ya el agua corre a sus pies: Cuantos estáis sedientos venid
a las aguas y alcanzaréis salud del Señor. A esa fuente,
en la que BERNARDITA dócilmente fue la primera en beber y
lavarse, acudirán todas las miserias del alma y del cuerpo.
He ido, me he lavado y he bebido, podrá contestar, con el
ciego del Evangelio, el peregrino agradecido. Pero, lo mismo que
en el caso de las muchedumbres que se apretaban junto a Jesús,
la curación de las llagas físicas sigue siendo, al
mismo tiempo que un gesto de misericordia, una señal del
poder que el Hijo del Hombre tiene de perdonar los pecados. Junto
a la gruta bendita la Virgen nos invita, en nombre de su divino
Hijo, a la conversión del corazón y a la esperanza
del perdón. ¿La escucharemos?
15. En esta humilde respuesta del hombre que se reconoce pecador
está la verdadera grandeza de este año jubilar. ¡Cuántos
beneficios habría derecho a esperar para la Iglesia si cada
uno de los peregrinos de Lourdes -e incluso todo cristiano unido
de corazón a las celebraciones del Centenario- llevara a
cabo en él mismo en primer lugar esta obra de santificación,
no de palabra y con la lengua sino con actos y de verdad. Todo le
invita, por otra parte, pues en ningún lugar tal vez como
en Lourdes se siente uno llevado al mismo tiempo a la oración,
al olvido de sí mismo y a la caridad. Viendo la abnegación
de los camilleros y la paz serena de los enfermos, observando la
fraternidad que une en una misma invocación a fieles de todos
los orígenes, comprobando la espontaneidad de la ayuda recíproca
y el fervor sin afectación de los peregrinos arrodillados
ante la gruta, los mejores se sienten cautivados por la atracción
de una vida más totalmente dedicada al servicio de Dios y
de sus hermanos, los menos fervorosos tienen conciencia de su tibieza
y vuelven a encontrar el camino de la oración, los pecadores
más endurecidos y hasta los incrédulos se sienten
a menudo tocados por la gracia o por lo menos, si son leales, no
se mantienen insensibles ante el testimonio de esta muchedumbre
de creyentes que no tiene más que un corazón y un
alma.
2. Conversión y renovación espiritual del individuo
y de la sociedad
16. Por sí sola, por lo tanto, esta experiencia de algunos
breves días de peregrinación no basta, por lo general,
para grabar con caracteres indelebles el llamamiento de MARíA
a una auténtica conversión espiritual. Por lo tanto,
Nos exhortamos a los pastores de las diócesis y a todos los
sacerdotes, a rivalizar en celo con el fin de que las peregrinaciones
del Centenario se beneficien con una preparación, con una
realización y, sobre todo, con consecuencias lo más
propicias posible para una acción profunda y duradera de
la gracia. El retorno a una práctica asidua de los sacramentos,
el respeto de la moral cristiana en toda la vida, el alistamiento,
en fin, en las filas de la Acción Católica y de las
diversas obras recomendadas por la Iglesia: tan sólo bajo
esas condiciones el importante movimiento de multitudes previsto
en Lourdes para el año 1958 dará, conforme a la misma
esperanza de la Virgen Inmaculada, los frutos de salvación
tan necesarios a la presente humanidad.
17. Pero, por primordial que sea, la conversión individual
del peregrino, no podría bastar. En este año jubilar,
Nos os exhortamos, amados Hijos y Venerables Hermanos, a suscitar
entre los fieles encomendados a vuestros cuidados, un esfuerzo coIectivo
de renovación cristiana de la sociedad, en contestación
al llamamiento de MARíA: Que los espíritus ciegos...
se vean iluminados por la luz de la verdad y de la justicia, pedía
ya Pío XI con ocasión de las Fiestas Marianas del
Jubileo de la Redención; que los que se pierden en el error,
sean conducidos de nuevo al camino recto; que una libertad justa
sea concedida en todas partes a la Iglesia y que una era de concordia
y de verdadera prosperidad surja para todos los pueblos.
18. Pues bien, el mundo, que en nuestros días ofrece tantos
justos motivos de orgullo y de esperanza, conoce también
una temible tentación de materialismo, denunciada a menudo
por Nuestros Predecesores y por Nos mismo. Este materialismo no
está solamente en la filosofía condenada que preside
la política y la economía de una fracción de
la humanidad; se manifiesta también en el amor al dinero,
cuyos daños se amplifican en proporción con las empresas
modernas, influyendo por desgracia en muchas determinaciones que
pesan en la vida de los pueblos; se traduce en el culto del cuerpo,
en la búsqueda excesiva del confort y en el alejamiento de
toda austeridad de vida; lleva al desprecio de la vida humana, de
la misma que se destruye antes de que haya visto la luz del día;
se encuentra en la desenfrenada persecución del placer, que
se presenta sin pudor e incluso intenta seducir, con lecturas y
espectáculos, almas aún puras; está en el desinterés
por el hermano, en el egoísmo que le oprime, en la injusticia
que le priva de sus derechos, en una palabra, en esta concepción
de la vida que lo regula todo únicamente mirando a la prosperidad
material y a las satisfacciones terrenales. Alma mía, decía
un rico, dispones de abundantes bienes de reserva para mucho tiempo:
descansa, come, bebe y festeja. Pero Dios le dijo: Insensato, esta
misma noche te pedirán el alma.
3. Apostolado de las diferentes, clases: Sacerdotes, seglares y
enfermos
19. A una sociedad que, en su vida pública a menudo discute
los supremos derechos de Dios, que quisiera conquistar el universo
al precio de su alma y de este modo caminaría hacia su ruina,
la Virgen ha lanzado maternalmente como un grito de alarma. Atentos
a su llamado, los sacerdotes deben atreverse a predicar a todos,
sin temor, las grandes verdades de la salvación. En efecto,
no hay renovación duradera si no se basa en los principios
inmutables de la fe, y toca a los sacerdotes formar la conciencia
del pueblo cristiano. Del mismo modo que la Inmaculada, compadeciéndose
de nuestras miserias pero clarividente de nuestras verdaderas necesidades,
viene a los hombres para recordarles los pasos esenciales y austeros
de la conversión religiosa, los ministros de la Palabra de
Dios, con seguridad sobrenatural deben trazar a las almas el camino
recto que conduce a la vida. Lo harán sin olvidar el espíritu
de paciencia y de dulzura que les inspira, pero sin ocular nada
de las necesidades evangélicas. En la escuela de MARíA
aprenderán a no vivir más que para dar Cristo al mundo,
pero, si es preciso, también a esperar con fe la hora de
JESúS y a mantenerse al pie de la cruz.
20. Junto a sus sacerdotes, los fieles deben colaborar en este esfuerzo
de renovación. En cualquier lugar en que la Providencia lo
haya colocado, ¿quién no puede hacer aún más
por la causa de Dios? Nuestro pensamiento se dirige, en primer lugar,
hacia la multitud de almas consagradas, que en la Iglesia se hallan
dedicadas a innumerables obras de bien. Sus votos de religión
los obligan más que a los demás a luchar victoriosamente,
bajo la égida de MARíA, contra el ataque del mundo,
de los apetitos desordenados de independencia, de riqueza y de placer;
por lo tanto, siguiendo el llamamiento de la Inmaculada habrán
de oponerse al asalto del mal con las armas de la oración
y de la penitencia y con las victorias de la caridad. Nuestro pensamiento
corre igualmente hacia las, familias cristianas, para exhortarlas
encarecidamente a que se mantengan fieles a su insustituible misión
en la sociedad. Que se consagren, en este año jubilar, al
Inmaculado Corazón de MARíA. Este acto de piedad será
para los esposos una ayuda espiritual preciosa en la práctica
de los deberes de la castidad y de la fidelidad conyugales; conservará
en su pureza la atmósfera del hogar en el que crecen los
hijos; más aún, hará de la familia, vivificada
por su devoción mariana, una célula viva de la regeneración
social y de la penetración apostólica. Y, ciertamente,
más allá del círculo familiar, las relaciones
profesionales y cívicas ofrecen a los cristianos deseosos
de trabajar en la renovación de la sociedad, un campo de
acción considerable. Reunidos a los pies de la Virgen, dóciles
a sus exhortaciones, echarán en primer lugar sobre sí
mismos una mirada exigente y se entregarán a extirpar de
su conciencia los juicios falsos y las reacciones egoístas,
rechazando la mentira de un amor de Dios que no se traduzca en efectivo
amor de sus hermanos. Procurarán, cristianos de todas las
clases y de todas las naciones, encontrarse en la verdad y en la
caridad, desterrando las incomprensiones y las sospechas. Indudablemente
es enorme el peso de las estructuras sociales y de las presiones
económicas que pesa sobre la buena voluntad de los hombres,
paralizándolos a menudo. Pero si es verdad, como Nuestros
Predecesores y Nos mismo hemos puesto de relieve con insistencia,
que la cuestión de la paz social y política es ante
todo, en el hombre, una cuestión moral, ninguna reforma es
fecunda, ningún acuerdo es duradero sin un cambio y una purificación
de los corazones. La Virgen de Lourdes lo recuerda a todos en este
año jubilar.
21. Y si, en su solicitud, MARíA se inclina con alguna predilección
hacia algunos de sus hijos, ¿no es, amados Hijos y Venerables
Hermanos, hacia los pequeñuelos, los pobres y los enfermos
a los que Jesús tanto amó? Venid a Mí todos
los que estáis fatigados y cargados, que yo os aliviaré
parece decir con su divino Hijo. Acudid a ella, vosotros a los que
os abruma la miseria material, sin defensa frente a los rigores
de la vida y la indiferencia de los hombres; acudid a ella, vosotros
a los que azotan duelos y pruebas morales; acudid a ella, queridos
enfermos y achacosos, que sois verdaderamente recibidos y honrados
en Lourdes como miembros vivos de Nuestro Señor; acudid a
ella y recibid la paz del corazón, la fuerza del deber cotidiano,
la alegría del sacrificio ofrecido. La Virgen Inmaculada,
que conoce los vericuetos secretos de la gracia en las almas y el
silencioso trabajo de esta levadura sobrenatural del mundo, sabe
qué precio tienen, a los ojos de Dios, vuestros sufrimientos
unidos a los del Salvador. Ellos pueden contribuir, Nos no lo dudamos,
a esa renovación cristiana de la sociedad que Nos imploramos
de Dios por la poderosa intercesión de su Madre. Que ante
la oración de los enfermos, de los humildes, de todos los
peregrinos de Lourdes, MARíA vuelva igualmente su mirada
maternal hacia los que aún se encuentran fuera del único
redil de la Iglesia, para juntarlos en la unidad. Que ella dirija
su mirada hacia los que buscan y tienen sed de verdad, para conducirlos
a la fuente de las aguas vivas. Que recorra en fin con su mirada
estos inmensos continentes y estas vastas zonas humanas en las que
Cristo es desgraciadamente tan poco conocido, tan poco amado, y
que consiga para la Iglesia la libertad y la alegría de responder
en todos los lugares, siempre joven, santa y apostólica,
a la esperanza de los hombres.
EPILOGO: Exhortación a una intensa
reforma interior
22. Queréis tener la bondad de venir?..., decía la
Virgen Santa a BERNARDITA. Esta discreta invitación, que
no obliga, que se dirige al corazón y solicita con delicadeza
una respuesta libre y generosa, la Madre de Dios la propone de nuevo
a sus hijos de Francia y de todo el mundo. Sin imponerse, les incita
a reformarse a sí mismos y a trabajar con todas sus fuerzas
por la salvación del mundo. Los cristianos no se mantendrán
sordos ante este llamamiento: irán a MARíA. Y a cada
uno de ellos, por medio de esta Carta, Nos quisiéramos decir
con SAN BERNARDO: En los peligros, en las angustias, en las dudas,
piensa en María, invoca a María... Si a ella sigues,
no te desvías; si a ella ruegas, no desesperas; si en ella
piensas, no yerras; si ella te tiene, no desfalleces; si ella te
protege, no temes; si ella te conduce, no te cansas; si ella te
es propicia, llegas a la meta.
23. Nos tenemos la esperanza, amados hijos y Venerables Hermanos,
de que MARIA acogerá vuestra oración y la Nuestra.
Nos así se lo pedimos en esta fiesta de la Visitación,
muy apropiada para celebrar a la que, hace un siglo, se dignó
visitar la tierra de Francia. Y al invitaros a cantar a Dios, con
la Virgen Inmaculada, el "Magnificat" de vuestra gratitud,
Nos os invocamos sobre vosotros y sobre vuestros fieles, sobre el
santuario de Lourdes y sus peregrinos, sobre todos los que tienen
la responsabilidad de las fiestas del Centenario la más amplia
efusión de gracias, en prenda de las cuales Nos os concedemos
de todo corazón, en Nuestra constante y paternal benevolencia,
la Bendición Apostólica.
Dada en Roma, junto a San Pedro,
en la Fiesta de la Visitación
de la Santsima Virgen,
el 2 de Julio del aņo 1957,
19 de Nuestro Pontificado.
PIO PAPA XII.