Bernadette no
ha dejado casi nada escrito, pero los archivos del convento de Saint-Gildard,
en Nevers, conservan las actas del proceso canónico y los testimonios tomados
en aquella ocasión a sus hermanas de hábito y a todos los que estuvieron en
contacto con ella, sobre todo en los años que pasó en el convento, entre 1866 y
1879. Son recuerdos, anécdotas, episodios, respuestas grabadas en la memoria de
los interlocutores. Con este heterogéneo material el convento de Saint-Gildard,
gracias también al trabajo de investigación del teólogo René Laurentin, ha
realizado un libro, editado en Francia en 1978 con el título Bernadette
dissait… . Hemos sacado una pequeña
antología en la que puede verse la personalidad de Bernadette y su modo
sencillo y humanísimo de vivir la fe cristiana. Ofrecemos los testimonios en el
orden cronológico propuesto por el libro, aludiendo en algunos casos al
contexto del episodio descrito para facilitar su comprensión.
LOURDES 1858-1866 1858 ENERO Bernadette está de pastora
en Bartrès.«Decidle a mis
padres que aquí me entristezco. Quiero volver a Lourdes, para ir a la escuela y
prepararme para la primera comunión». EL PERIODO DE LAS
APARICIONES 21 DE FEBRERO Después de la sexta
aparición,al salir del despacho
del comisario Jacomet:«¿Por qué te
ríes?» le preguntan. «El comisario
temblaba. Tenía una borla en el birrete que hacía tintín». 23 DE FEBRERO «¡Haces venir a
mucha gente!» «¿Por qué viene?
Yo no voy buscarla». 24 DE FEBRERO «¿En qué te ha
hablado? ¿En francés o en dialecto?» «¡Anda! ¿Quiere
que me hable en francés? ¿Cree que yo lo sé?». 25 DE FEBRERO Durante la novena aparición
se la oye repetir:«Penitencia…
Penitencia… Penitencia…». Al final se registra este
diálogo:«¿Qué te ha
dicho?» «Ve a beber a la
fuente y a lavarte» «¿Y la hierba que
has comido?» «Me lo dijo
también…» «¿Qué te ha
dicho?» «Come esa hierba
que hay allí» «¡Los animales
comen hierba!» «¿Por qué toda
esta agitación hoy? Ayer Aquero me dijo que besara la tierra como penitencia
por los pecadores» «¿Sabes que creen
que estás loca si haces esas cosas?» «Por los
pecadores». 25 DE MARZO Bernadette se
despierta muy pronto y se viste: «Tengo que ir a
la gruta. Si queréis venir conmigo daros prisa» «Piénsatelo,
puedes empeorar…» «Ya estoy buena» «Espera por lo
menos a que salga el sol» «No, tengo que ir
enseguida». En la gruta,
ante la aparición: «Señorita,
¿quisiera usted tener la bondad de decirme quién es, por favor?» Bernadette se
aleja de la gruta riendo: «¿Sabes algo?» «No se lo digas a
nadie. Me ha dicho: “Yo soy la Inmaculada Concepción”». 27 DE MARZO Examen médico
realizado por tres doctores: «¿Tiene dolores
de cabeza a veces?» «No» «¿Ha tenido
crisis nerviosas?» «Nunca» «Su salud sin
embargo, parece precaria» «Como, bebo y
duermo muy bien». Durante el
examen médico, respecto a la Virgen: «Sí, la veo como
le veo a usted. Se mueve, me habla, tiende sus brazos» «¿No tienes miedo
cuando ves tanta gente a tu alrededor?» «No veo nada en
torno». MAYO Corre de nuevo
el peligro de ir a la cárcel: «No tengo miedo
de nada, porque siempre he dicho la verdad». 4 DE JUNIO El día después de la
primera comunión de Bernadette,Emmanuélite Estrade le pregunta:«¿Qué te ha hecho
más feliz: la primera comunión o las apariciones?» «Son dos cosas
que van juntas, pero que no pueden compararse. He sido muy feliz en las dos». 16 DE JUNIO Última aparición.Al atardecer, Bernadette se siente
empujada hacia la gruta«¿Qué te ha
dicho?» «Nada». DESPUÉS DEL 16 DE
JULIO, LAS PRUEBAS: EL ASALTO DE LAS VISITAS 28 DE AGOSTO Al abad Fonteneau:«No le obligo a
creerme, sólo puedo responder diciendo lo que he visto y oído». «Así que
Bernadette, ¿ahora que la Virgen te ha prometido que irás al cielo, no
necesitas preocuparte del cuidado de tu alma?» «Pero Padre, yo
sólo iré al cielo si me porto como se debe». 17 DE NOVIEMBRE En la gruta, después del
interrogatorio de la comisión eclesiástica:«Estoy muy
cansada». 1859 MAYO Marie de
Cornuijer-Lucinière la interroga respecto a los secretos:«¿Se los dirías
al Papa? «No necesita
saberlos». 1860El abad Junqua visita a
Bernadette.Después de dos horas
de coloquio le dice:«Volveré…
Acuérdese de mí. Prométame que se acordará de mí» «Esto no se lo
prometo. Veo a tanta gente y de todos los tipos». 7 DE DICIEMBRE Interrogatorio ante
monseñor Laurence, obispo de Tarbes:«No parece una
idea digna de la Virgen el que te haya hecho comer hierba» «¡La ensalada la
comemos!». 1861-1862El abad Bernardou quiere hacer unas
fotos a Bernadette para fijar la expresión que su rostro podía tener durante
las apariciones:«No, así no. No
ponías esa cara cuando estaba la Virgen» «Pero ahora no
está». 1864Han fotografiado a Bernadette y las
fotos se vende a un franco la unidad…«Bernadette,
¿piensas que te venden a buen precio?» «Más de lo que
valgo». 1866El día antes de salir hacia Nevers,
Justine, la hija de su nodriza Maria Lagües, va a despedirse de Bernadette:«¿No te da pena
irte? «El poco tiempo
que estamos en el mundo hay que emplearlo bien» NEVERS
1866-18799 Testimonios de sus hermanas
de hábito y de personas que vieron a Bernadette durante su permanencia en la
casa general de la congregación de las Hermanas de la Caridad de Nevers, desde
1866 hasta el día de su muerte, el 16 de abril de 1879.1866 JULIO Sor Emilienne Duboé:Me encargaron de
ocuparme de Bernadette desde que llegó al noviciado, para acostumbrarla… Lo que
le dolía era no ver la gruta de Lourdes: «Si tú supieras», me dijo, «lo que he
visto allí». Tenía la intención de preguntárselo, pero me respondió que no
podía decir nada, que la madre maestra se lo había prohibido. Me decía: «Si
supieras qué buena es la Virgen». Un día Bernadette
me hizo ver que hacía mal la señal de la cruz. Le dije que por supuesto no la
hacía tan bien como ella que lo había aprendido de la Virgen. «Hay que poner
atención», me dijo, «porque significa mucho santiguarse bien». Sor Charles RamillonSu modo de
hacerse la señal de la cruz me llamaba la atención profundamente; hemos tratado
varias veces de reproducirlo, pero sin éxito. Entonces decíamos: «Bien se ve
que se lo ha enseñado la Virgen». Sor Emilie Marcillac:Sor Marie-Bernard
tenía una piedad dulce, sencilla, sin nada de particular. Era muy exacta, no
faltaba al silencio, pero durante el recreo atraía por su brío. No le gustaba
la piedad recargada. Un día me decía riendo, indicando a una novicia que
cerraba siempre los ojos: «¿Ve a sor X? Si no tuviera una compañera que la
guía, tendría un accidente, ¿Por qué cerrar los ojos, cuando hay que tenerlos
bien abiertos?». Durante sus
crisis de asma, tenía ataques de tos que le desgarraban el pecho; aunque
vomitaba sangre y se sofocaba no se dejaba escapar nunca un lamento, un
murmullo. Sólo se le oía decir el nombre de Jesús. Después de decir: «Jesús
mío», miraba al crucifijo, y en sus ojos había algo inexpresable, pero que
decía mucho… OCTUBRE Sor Emilie Marcillac:El 25 de octubre
estuvo muy mal… Se pensaba que no pasaría la noche… Mi sorpresa fue enorme
cuando a las cuatro y media de la mañana me acerqué a su cama para saber cómo
estaba; creía que agonizaba. En cambio, me respondió con voz clara: «Estoy
mejor, el Señor no me ha querido, he ido hasta la puerta y me ha dicho, es muy
pronto». 1867 MAYO Sor Bernard
Dalias: Estaba en Nevers
desde hacía tres días, y comenté que aún no había visto a Bernadette. La
superiora que me acompañaba me señaló a una novicia, pequeña, sonriente, que
estaba a su lado, y añadió: «¿Bernadette? Aquí la tiene usted». Se me escapó
una expresión impertinente y exclamé: «¿Esto es todo?». Me respondió: «Así es,
señorita, esto es todo». Desde entonces me demostró gran simpatía. Sor Brigitte
Hostin: Fui compañera de
noviciado de sor Marie-Bernard: tuve este privilegio durante siete u ocho
meses. Tuve la posibilidad de admirar en ella una gran piedad, una humor
siempre igual –algo raro– una sencillez de niña, y sobre todo una gran
humildad; esto –cuando se veía obligada a responder a las cartas que le
escribían algunos grandes personajes respecto a los favores que la Virgen le
había concedido– le hacía decir: «Si no fuera por obediencia, no respondería». SEPTIEMBRE Sor Joseph
Caldairou recuerda algunas expresiones de Bernadette: «Sólo Dios sabe
lo que me cuesta presentarme delante de los obispos, los sacerdotes, la gente del
mundo». «Me es difícil
ver la hermosura en las representaciones de la Virgen, después de haber visto
el original». 1868 Sor Charles
Ramillon: Un día, ante mi
presencia, una de nosotras le dijo: «¿Le ha revelado los secretos a la madre
general?» «No». «¿Tampoco a la madre maestra?» «Tampoco». Entonces yo añadí:
«¿Pero si se lo pidiera el Santo Padre?». Ella respondió: «Me lo pensaría». NOVIEMBRE Conde Lafond: Monseñor Chigi
[nuncio apostólico en Francia, n. de la r.] mandó llamar al locutorio a sor Marie-Bernard.
«Hija», le dijo, «¿no tuviste miedo cuando viste a la Virgen?». «Sí, monseñor,
mucho; pero sólo la primera vez; luego, ¡era tan hermosa!». 1869 AGOSTO Sor Bernard
Dalias: Una sola palabra
suya hacía bien. A quien sufría le decía: «Rezaré por ti». La he sorprendido
muchas veces con la cara cubierta de lágrimas. Le preguntaba con la mirada:
«Volver a ver la gruta, una sola vez, de noche, cuando nadie se enterara…», me
susurraba. Yo estaba
encargada de entonar el canto para la oferta del recreo. Sor Marie-Bernard se
me acerca un día, después de la oración. «Algunas veces entonas», me dijo, «“La
veré un día a esta Madre que amo”». Y en ese momento sus ojos tomaron una
expresión de deseo, de tristeza indefinible, y vi correr dos lágrimas… Bastaba oirle
decir con plena convicción: «Reza por mí, pobre pecadora, sobre todo en la hora
de la muerte», para comprender que se daba cuenta perfectamente de que tenía
que invocar el efecto que le habría prometido la Virgen por su fidelidad. Sor Emilienne
Robert: Hablaba de que
teníamos que corregirnos en nuestros defectos, y le dije que es difícil.
Entonces ella abrió los ojos de par en par y respondió con vigor: «¡Pero bueno!
Recibir tan a menudo el pan de los fuertes y no ser más valiente». OCTUBRE Conde Lafond: El abad de M. le
dijo ante mí que venía de Lourdes y que había visto al padre Hermann y al señor
Laserre, los dos habían recibido la gracia del don de la vista. Sor
Marie-Bernard abrió sus grandes ojos, hasta entonces había estado con los ojos
bajos. «He visto», añadió el abad, «la estatua que han puesto en la gruta.
Tiene las manos juntas así. ¿Es así como se le apareció la Virgen?». «Sí,
padre, pero cuando me dijo: “Yo soy la Inmaculada Concepción”, hizo así». Hizo
un gesto de tal belleza que nos conmovió hasta las lágrimas. Nos parecía ver
una copia viva de la Reina el Cielo, cuando apareció en la roca de Massabielle. Una señora de
Nevers le preguntó un día: «¿No ha vuelto a ver a la Virgen después de las
dieciocho apariciones?». Dos lagrimones le adornaron los párpados: fue su
respuesta. Sor Cécile
Pagès: Le decía a sor
Marie-Bernard que muchas personas se habían curado con el agua de Lourdes,
después de una novena. «La Virgen a veces quiere que se rece durante mucho
tiempo, y una persona se curó solamente después de nueve novenas». 1870 ABRIL Sor Angèle
(entonces postulante): Me preguntó sor
Marie-Bernard: «¿Qué le pasa?». Le dije: «Acabo de recibir una mala noticia: mi
mamá está agonizando; quizá a estas horas ya se haya muerto». Sor Marie-Bernard
me dijo con una sonrisa que no olvidaré nunca y con su mirada penetrante: «No
llore, la Virgen la sanará; rezaré por ella». AGOSTO Sor Madeleine
Bounaix: El 15 de agosto
de 1870 estaba con ella en la enfermería San José; me había dado una fruta para
la merienda; hablábamos de la fiesta del día y le dije: «Hermana, ¿rezará por
mí hoy?». «Sí, pero con una condición: que también usted lo haga por mí. Todos
necesitamos oraciones». Entonces añadí: «Qué bonita debe ser la fiesta en el
cielo y qué hermosa debe ser la Virgen». «Cuando la has visto no puedes seguir
apegada a la tierra», me dijo. Tiempo después,
sor Marie-Bernard recibió una carta de don Peyramale, párroco de Lourdes, que
contenía una foto de la Basílica. Me dijo mirándola: «¿Conoce Lourdes?». Le
dije que no, y ella dijo: «Tome la foto de la Basílica», y con el dedo me
enseñaba la gruta. Le pregunté: «¿Dónde estaba cuando se le apareció la
Virgen?». Me señaló simplemente el lugar. Añadí: «Es un recuerdo muy dulce para
usted, hermana». Con un aire grave, casi triste, me dijo: «Sí. Pero no tenía
ningún derecho a recibir esa gracia». DICIEMBRE Conde Lafond: Sor
Marie-Bernard… esta monja no sirve para nada, y, sin embargo, la consideran el
tesoro de Saint-Gildard; la ven como la defensa de la ciudad obispal y se le
atribuye la salvación durante la invasión de 1870; los prusianos estaban en
todos los departamentos cercanos y casi a las puertas de Nevers. El caballero
Gougenot des Mousseaux que vio a Bernadette en aquella época, le hizo algunas preguntas:
«¿Tuvo usted en la gruta de Lourdes o posteriormente revelaciones relativas al
futuro y al destino de Francia? ¿No le ha encargado la Virgen que transmita
advertencias o amenazas para Francia?». «No». «Los prusianos están a las
puertas, ¿no tiene miedo?». «No». «¿No hay, pues, nada que temer?». «Temo sólo
a los malos católicos». «¿No teme nada más?». «No, nada». 1871 Madre
Marie-Térèse Bordenave: Hacia finales de
1870 o a principios de 1871 había otra vez ambulancias en la casa madre; un día
se incendió la farmacia; la novicia de turno se quedó tan impresionada que
durante 24 horas estuvo padeciendo terribles dolores. Sor Marie-Bernard,
apiadada, tras agotar todas las medicinas, le dijo a una hermana: «Le voy a dar
agua de Lourdes; rece conmigo fervorosamente». Así lo hicieron: algunos minutos
después los dolores habían desaparecido. ANTES DE AGOSTO Sor Madeleine
Bounaix: Me asombraba su
rectitud y su sinceridad. No creo que nunca mintiera, recuerdo al respecto un
episodio que confirmó mi opinión. Un día hablábamos de Lourdes y de Bartrès y
me dijo: «No puede imaginar lo ignorante que yo era. Un día mi padre vino a
verme,estaba yo cuidando el
rebaño, muy triste. Me preguntó por qué y yo le respondí: “Mira mis ovejas,
bastantes de ellas tienen la espalda verde”. Él se echó a reír y me dijo: “Es
la hierba que se han comido, que ahora les está saliendo por arriba: puede que
se mueran”. Yo entonces me eché a llorar, y mi padre, viendo mi dolor, me
consoló y me explicó que era la marca del comerciante a quien se las habían
vendido». Al oír esta historia me eché a reír y le dije: «Pero, bueno; ¿era tan
ingenua que llegó a creerse una cosa así?». Me respondió: «Querida mía, como yo
no sabía mentir, me creía todo lo que me decían». Un día estábamos
hablando de las prácticas de piedad hacia la Virgen. Le dije que había una que
a mí me gustaba especialmente: rezar doce Avemarías en honor de los doce
privilegios de la Madre de Dios. Me respondió feliz y satisfecha: «Siga con
esta práctica, que le es muy grata a la Virgen». AGOSTO Sor Vincent
Garros, nombre de pila Julie Garros, amiga de infancia de Bernadette: En Lourdes había
una congregada, conocida con el nombre de señorita Claire, muy piadosa y que
sufría desde hacía tiempo. Cuando llegué a la casa madre, Bernadette me
preguntó por ella, y yo le dije: «No sólo sufre pacientemente, sino que dice
incluso estas palabras, que me sorprenden realmente: “Sufro mucho, pero si no
es suficiente, ¡que el Señor añada más sufrimiento!”». Sor Marie-Bernard hizo
esta reflexión: «Es muy generosa; yo no haría lo mismo. Me conformo con lo que
me manda». También le
gustaba contarme que del rebaño que tenía que cuidar le gustaba especialmente
un corderito blanco. Cuando conseguía construirse su capillita en los campos,
él venía a derribarla de una cornada; y cuando gritaba al rebaño, el corderito
cogía carrerilla, le daba una cornada bajo la rodilla y la arrojaba al suelo,
cosa que le divertía mucho. Para castigarlo, Bernadette le daba pan con sal,
que al corderito le encantaba. En el noviciado
yo le decía a Bernadette cuando estaba enferma en la enfermería: «Sufre mucho,
¿verdad?». Me respondía: «A ver. Ya me dijo la Virgen que no iba a ser feliz en
este mundo, sino en el otro». A menudo
aconsejaba el perdón, no olvidar la invocación del Padrenuestro: «Perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros perdonamos…». También me dijo:
«Cuando pase por delante de la capilla, si no tiene tiempo de pararse,
encárguele a su ángel de la guarda que le lleve su mensaje al Señor al tabernáculo.
Se lo llevará y luego vendrá de nuevo a reunirse con usted». Creo que
Bernadette meditaba sobre los misterios, porque un día que le dije que no
conseguía rezar, meditar, me sugurió este remedio: «Transpórtese al Monte de
los Olivos o a los pies de la cruz, y quédese allí: el Señor le hablará y usted
lo escuchará». A veces le decía: «Ya estuve, pero el Señor no me ha dijo nada».
Sin embargo, yo seguía rezando. Le dije un día:
«¿Cómo puede estar tanto tiempo en acción de gracias?». Me respondió: «Pienso
que la Virgen me da al Niño Jesús. Lo tomo. Le hablo y él me habla». Sé que Bernadette
tenía una devoción especial por san José. Repetía estas invocaciones:
«Concédeme la gracia de amar a Jesús y a María como desean ser amados. San
José, reza por mí. Enséñame a rezar». Y a mí me decía: «Cuando no se consigue
rezar, hay que dirigirse a san José». Me decía también:
«Cuando está frente al Santísimo, por una parte tiene cerca a la Virgen
inspirándole lo que le tiene que decir al Señor, y por la otra a su ángel de la
guarda tomando nota de sus distracciones». Decía: «Hemos de
recibir bien al Señor, va en nuestro interés recibirle bien, amablemente,
porque entonces nos paga el alquiler». Me decía que
antes de llevar a cabo cualquier acción, hay que purificar la atención. Yo le
hacía notar que era difícil. Me respondió: «Hay que hacerlo, porque se actúa
mejor y cuesta menos». Decía: «Si
trabaja para las criaturas, no tendrá recompensa y se cansará más». Otra vez me dijo
en la enfermería: «Le daré una buena merienda». Había fruta en almíbar. Me la
tiende y me dice: «Hoy es sábado, no la comeremos; haremos esta pequeña
mortificación por la Virgen». Bernadette, estoy
segura, siempre controló sus impulsos interiores. Sobre esto me decía: «El
primer impulso no nos pertenece, pero el segundo sí». Cuando le
entraban las crisis de asma –con bastante frecuencia– daba pena. Nunca se
quejó, y cuando pasaba la crisis decía: «¡Gracias, Señor!». La Virgen le
había pedido que rezara por los pecadores; sin duda lo hacía. Me dijo varias
veces: «Recemos por esa familia, para que la Virgen la convierta». A menudo, después
de las oraciones, Bernadette añadía: «Señor, libera a las almas del
purgatorio». De vez en cuando, rezábamos juntas la corona de los difuntos y la
terminábamos diciendo: «Dulce Corazón de Jesús, sé mi amor, dolce Corazón de
María, sé mi salvación. Jesús mío, ¡misericordia! Concede el descanso eterno a
las almas de los fieles difuntos». NOVIEMBRE