Para el buen funcionamiento de la peregrinación, es imprescindible que todos prestemos un buen servicio a la Señora, haciendo sonreír a los enfermos. Para eso, tenemos un decálogo que debemos cumplir:
Honrarás la dignidad y lo sagrado de la persona del enfermo.
Servirás con todo tu corazón, inteligencia, fuerza y tiempo a los enfermos.
Cuidarás a los enfermos como te gustaría que te cuidasen a ti.
Hablarás procurando que tus palabras sean más bonitas que el silencio
Evitarás las distracciones que puedan aumentar los sufrimientos de los enfermos.
No matarás las esperanzas de los enfermos con las prisas, las chapuzas, las indelicadezas, el enfado o la inapetencia.
A la hora de servir nunca dirás: “No me toca a mí”
Hablarás a Dios de los enfermos y a los enfermos de Dios.
Lucharás contra la más grave enfermedad de nuestros días: la falta de amor y de escucha a la persona.
Cuando te encuentres cansado o con ganas de dejarlo todo, recordarás: “Todo lo puedo en Aquél que es mi fuerza”.