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MENSAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
Queridos hermanos y hermanas: El miércoles pasado, con el ayuno y el
rito de imposición de la ceniza, hemos
entrado en la
Cuaresma. Pero, ¿qué significa "entrar en la Cuaresma"? Significa
iniciar un tiempo de particular empeño en el combate espiritual que nos opone al
mal presente en el mundo, en cada uno de nosotros y en torno a nosotros. Quiere
decir mirar el mal cara a cara y disponerse a luchar contra sus efectos, sobre
todo contra sus causas, hasta la causa última, que es Satanás. Significa no
descargar el problema del mal en los demás, en la sociedad o en Dios, sino
reconocer las propias responsabilidades y afrontarlo conscientemente. A este
propósito, resuena con mucha urgencia, para nosotros cristianos, la invitación
de Jesús a que cada uno tome su "cruz" y lo siga con humildad y confianza (cf.
Mt 16, 24). La "cruz", por pesada que sea, no es sinónimo de desventura,
de desgracia que hay que evitar lo más posible, sino de oportunidad para seguir
a Jesús y así adquirir fuerza en la lucha contra el pecado y el mal. Por tanto,
entrar en la Cuaresma significa renovar la decisión personal y comunitaria de
afrontar el mal junto con Cristo. En efecto, el camino de la cruz es el único
que conduce a la victoria del amor sobre el odio, del compartir con los demás
sobre el egoísmo, de la paz sobre la violencia. Vista así, la Cuaresma es en
verdad una ocasión de fuerte empeño ascético y espiritual, fundado en la gracia
de Cristo. Este año, el inicio de la Cuaresma coincide providencialmente con el 150°
aniversario de las apariciones de Lourdes. Cuatro años después de la
proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción por parte del beato Pío IX,
María se apareció por primera vez el 11 de febrero de 1858 a santa Bernardita
Soubirous en la gruta de Massabielle. Siguieron luego otras apariciones,
acompañadas de acontecimientos extraordinarios, y al final la Virgen santísima
se despidió revelando a la joven vidente, en el dialecto local: "Yo soy la
Inmaculada Concepción". El mensaje que la Virgen sigue difundiendo en Lourdes
recuerda las palabras que Jesús pronunció precisamente al inicio de su misión
pública, y que volvemos a escuchar muchas veces durante estos días de Cuaresma:
"Convertíos y creed en el Evangelio", rezad y haced penitencia. Acojamos la
invitación de María, que hace eco a la de Cristo, y pidámosle que nos obtenga
"entrar" con fe en la Cuaresma, para vivir con alegría interior y empeño
generoso este tiempo de gracia. A la Virgen le encomendamos también a los enfermos y a cuantos los asisten
amorosamente. En efecto, mañana, memoria de la Virgen de Lourdes, se celebra la
Jornada mundial del enfermo. Saludo de todo corazón a los peregrinos que se
reunirán en la basílica de San Pedro, guiados por el cardenal Lozano Barragán,
presidente del Consejo pontificio para la pastoral de la salud. Lamentablemente,
no podré encontrarme con ellos, porque esta tarde iniciaré los ejercicios
espirituales, pero en el silencio y en el recogimiento oraré por ellos y por
todas las necesidades de la Iglesia y del mundo. A cuantos quieran recordarme
ante el Señor, les expreso desde ahora mi sincera gratitud.
CON OCASION DEL ANGELUS DEL DIA 10/2 2008
11 febrero 2008