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Tema pastoral 2010

Hacer la señal de la Cruz con Bernadette



2010 comienza un ciclo de tres años dedicados a la oración con Bernadette. Con ella, antes de rezar el Padrenuestro (2011) y luego el Rosario (2012), comenzamos, “haciendo la señal de a cruz ” (2010).

Desde el bautismo hasta el último suspiro, la vida de todos los bautizados está puesta bajo la señal de la cruz. Asi pues, en lo que se refiere a nuestra relación con Dios, esta señal indica, al mismo tiempo, la entrada en la vida cristiana, el itinerario de toda la existencia con Cristo, y el término de la vida obre la tierra.

En la vida de Bernadette, la señal de la cruz tiene una importancia especial.

De hecho, al comienzo de la primera de las 18 apariciones con que fue favorecida, la Santísima Virgen le enseñó a hacer este gesto fundamental.

Desde entonces, su gran amor por Jesús, fue iluminado, alimentado y orientado por la señal de la cruz. Por eso, desde su primer encuentro con la Virgen, la vida de Bernadette se convirtió en un camino pascual, puesto que la vivió con Jesús en el misterio de la cruz, bajo la mirada de Dios.

Para que la peregrinación a Lourdes pueda desarrollarse a la luz de este tema pastoral, se proponen cuatro momentos, que pueden corresponder a cuatro días, o a cuatro medios días, o a cuatro horas, según el tiempo del que disponga cada uno.

Hacer la señal de la cruz abre una perspectiva y ofrece, al mismo tiempo, la posibilidad de profundizarla y ampliarla. Así pues, después de haber hecho la señal de la cruz con Bernadette, nos preguntaremos qué es la señal de cruz, luego aprenderemos a reconocer la señal de la cruz y, finalmente, a hacerla presente en nuestras vidas.

Es preferible seguir el orden de estas cuatro etapas de la peregrinación. Sin embargo, el tiempo dedicado a cada una de ellas puede depender de la elección e cada grupo.

1. hacer la señal de la Cruz

 

En la Gruta, antes incluso de entablar un diálogo con Bernadette y de decirle su nombre, la Santísima Virgen le enseñó a hacer la señal de la cruz; a hacerla bien; a hacerla a menudo. Desde ese día, cuantos vieron a Bernadette hacer la señal de la cruz comprendieron la importancia que tenía para ella ese gesto.

La señal de la cruz de Bernadette se caracterizaba por su lentitud, por su amplitud y por el gran recogimiento con que la hacía. Bernadette, empleando todo su tiempo, levantaba su mano derecha hasta tocar con los dedos la parte superior de su frente. Luego bajaba su mano y los dedos rozaban su cintura. Después, levantaba su mano y tocaba con los dedos, primero, el hombro izquierdo y luego el derecho.

La niña daba la impresión de envolverse en la señal de la cruz como quien se envuelve en un chal, o como quien se pone un vestido. Haciendo ese gesto y diciendo al mismo tiempo “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén” ,Bernadette se presentaba ante Dios tal como era.

Siendo ya religiosa, una de las Hermanas preguntó a Bernadette: ¿”Qué hay que hacer para estar seguro de ir al cielo? ” Bernadette contestó inmediatamente: “Hacer bien la señal de la cruz, ya es mucho ”.

Momentos antes de su muerte, Bernadette, haciendo un último esfuerzo, hizo una última señal de la cruz. Inmediatamente después, expiró. De esta manera, igual que en los días de las apariciones de la Virgen, Bernadette, por la señal de la cruz, entra en “otro mundo ” presente en la tierra. Y en su último día, entra, por la señal de la cruz, en la gloria de Dios, en la eternidad. La primera etapa de nuestra peregrinación va a consistir, por tanto, en “hacer bien la señal de la cruz ”.Una señal de la cruz como la que Bernadette aprendió a hacer con la Santísima Virgen.

Interrogantes que nos podemos plantear.

  • ¿Quién hizo sobre mí la primera señal de a cruz?
  • ¿Quién me enseñó a hacer la señal de a cruz?
  • ¿Cuándo hago la señal de la cruz: sobre mí, sobre otra persona, sobre un objeto por ejemplo, el pan?
  • ¿He tenido ocasión de enseñar a hacer la señal de la cruz a un niño o a un adulto?
  • Hacer la señal de la cruz está siempre vinculado, para mí, a la invocación trinitaria “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo ”,o a una bendición, a la oración, a un sacramento, o a un momento especial, a un lugar, o a un contecimiento?


Gesto que se puede hacer

Después de entrar en el Santuario por la Puerta San Miguel, detenerse ante el calvario de los Bretones y santiguarse lenta y ampliamente y con recogimiento. Luego, hacer lo mismo delante de la Gruta de Massabielle, y demás lugares de celebración. Al principio y al final de cada oración, recogerse y preguntarse interiormente quién es Dios para nosotros y quiénes somos nosotros mismos. A continuación, santiguarse diciendo “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.”



2 - qué es la señal e la cruz?

Presbytère
 

La cruz no tiene nada de romántico. Se trata de un poste y un travesaño a los que los romanos ataban a los condenados, con los brazos abiertos, con el fin de hacerlos sufrir hasta que murieran. La cruz representa, pues, lo más negativo de la experiencia humana: la violencia, el sufrimiento y la muerte.

Pero Dios escogió, precisamente, ese poste y ese travesaño para manifestar su Amor al género humano. Así, Jesucristo no solo asumió lo peor de nuestros sufrimientos y lo más indigno de nuestra muerte, sino que Él, el Hijo de Dios hecho hombre, convirtió eso en el lugar de encuentro de Dios con el hombre. En la realidad de la cruz el hombre se convierte en hijo de Dios.

Al recibir la señal de la cruz en la frente, el bautizado recibe la clave de toda su vida. En adelante, unido al Señor, su existencia puede ser una pascua, es decir, un paso de su realidad, marcada por la miseria, el pecado, y la muerte, a la realidad de Cristo Jesús.

La cruz resulta ser, así, la única puerta de entrada en un nuevo mundo, presente en medio de este mundo, al que Jesús llama “el Reino de Dios ”.

María introduce a Bernadette en este Reino por la señal de la cruz y le describe este mundo más allá de la cruz diciendo: No le prometo la felicidad de este mundo, sino la del otro ”.

Para nosotros, como para Bernadette, la señal de la cruz es, ciertamente, la señal de lo que somos. Haciendo este gesto, reconocemos nuestra miseria, nuestro sufrimiento, nuestro pecado, nuestra condición mortal. Como para Bernadette, la señal de la cruz es, al mismo tiempo e inseparablemente, la proclamación del Amor de Dios, manifestado en la cruz de Jesucristo.

Así, igual que Bernadette, trazando sobre nosotros la señal de la cruz “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”, manifestamos que somos objeto del amor de Dios y que, por su Amor, debemos superar todas nuestras miserias. Esta transformación, que comenzó en lo más negativo de la experiencia humana, debe concluirse en Dios. Este es el paso de la realidad del hombre a la realidad de Dios de la que la cruz es la señal y Dios es el artífice.

Interrogantes que nos podemos plantear :

  • ¿Cuál es el contenido de mi señal de a cruz?
  • ¿Soy capaz de definir mi pecado partiendo e hechos concretos?
  • ¿Qué experiencia del Amor de Dios tengo en mi vida?
  • ¿Que experiencia tengo de la miseria, el sufrimiento, de la muerte?
  • ¿En qué circunstancias he vinculado mi miseria o mi pecado al Amor de Dios? ¿En una experiencia existencial? ¿En el encuentro sacramental con Jesucristo?


Gesto que se puede hacer

En Lourdes, los tres gestos de la peregrinación consisten, en primer lugar, en pasar por la Gruta para tocar e incluso venerar la roca. Después los peregrinos van a las fuentes (o a las piscinas), a beber y a lavarse. Por último, durante la procesión de la noche, llevan todos su vela, que levantan cuando se canta el Ave de Lourdes. Estos tres gestos son gestos materiales. Sin embargo, para los cristianos, estos gestos tienen un sentido ya que, en la Sagrada Escritura, la roca, el agua y la luz se relacionan directamente con Jesucristo. Él es la Roca, nos da el Agua viva, es la Luz del mundo. Realizar estos gestos puede abrirnos a la oración, que es encuentro con Jesús, y Jesús nos hace pasar de nuestra realidad a la suya. Puesto que estos gestos nos introducen en la experiencia del misterio pascual, antes de realizarlos, podemos hacer lentamente, ampliamente y de todo corazón, la señal de la cruz “en el nombre del Padre, y del

Hijo y del Espíritu Santo”. Así, nos decimos a nosotros mismos, a Jesús y a los demás, lo que significan para nosotros los gestos de la peregrinación y la experiencia que representan.



3- Reconocer la Señal de la Cruz

Nuestro mundo está marcado por el rechazo de Dios, que es el pecado. A causa del pecado, antes de conocer la muerte, ningún ser humano está libre, de una forma o de otra, de miserias y sufrimientos. No se trata, pues, de la cruz, sino simplemente de la condición humana como tal.

El amor existe en el mundo y muchos lo experimentan, por ejemplo, en el matrimonio, en la familia, en la comunidad. Aunque la experiencia del amor sea siempre difícil, sin embargo, no se puede hablar a priori de la Cruz.

Por el contrario, allí donde se dan al mismo tiempo el pecado y la conversión, la miseria y la solidaridad, el sufrimiento y la caridad, la muerte y la presencia del Salvador del mundo, está presente la señal de la cruz de Cristo. En las contrariedades, el dolor, o el sufrimiento, Bernadette no dudaba en decir: “Cuando se piensa que Dios lo permite, uno no se queja ”.De esa manera, Bernadette abría su corazón a la presencia de Cristo muerto y resucitado por nosotros y, por Él, entraba en la relación de Amor del Padre y del Hijo, en la comunión del mismo Espíritu.

En Lourdes, el gran signo que se nos da es, ciertamente, la cruz. Este gran misterio se manifiesta en la relación enfermo–hospitalario. En esta relación, que se caracteriza por una mutua donación de sí mismo, en la acogida recíproca, se hace presente el misterio de la cruz y se manifiesta como signo.

El fruto de esta relación es visible en el rostro de los enfermos iluminado por la alegría y, con todo, marcado por el sufrimiento, y en el rostro feliz del hospitalario que le acompaña y le sirve.

Ahora bien todo lo que es del orden del amor permanece para la vida eterna. Por esta razón estos gestos de caridad, que tienen como objeto el servicio a los demás, quedan grabados para siempre en la memoria y en el corazón de quien es testigo de ellos. Porque se abren misteriosamente a la invisible presencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, muchos traducen estos gestos en palabras: “Aquí, es distinto ”,“Aquí se está bien ”,“En la Gruta, se encuentran el cielo y la tierra ”.

Después de haberle enseñado a hacer la señal de la cruz, tras haberle indicado cómo convertir esa señal en realidad, María promete a Bernadette “la felicidad del otro mundo”. Se trata del más allá de la cruz, que comienza aquí en la tierra, cuando el sufrimiento es transformado por el amor, y que se convierte en entrada a la Vida eterna, donde ya no hay sufrimiento ni muerte, ya que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo reinan para Siempre.

Interrogantes que nos podemos plantear

  • ¿He sido testigo, en Lourdes, de gestos realizados con los enfermos? ¿Estos gestos me han impresionado hasta acordarme de ellos?
  • ¿He sido testigo de esos gestos fuera de Lourdes? ¿En qué ocasión?
  • ¿He experimentado yo mismo la fuerza el amor en el sufrimiento?
  • ¿He realizado estos gestos que aliviaron el sufrimiento, el dolor, y la miseria de otros?
  • ¿Qué relación establezco entre todos estos gestos (de los demás y míos) y la cruz de Jesucristo en la que Dios manifiesta su amor?


Gesto que se puede hacer

Cada uno reconoce más fácilmente la señal de la cruz en la medida en que él mismo la experimenta. De hecho, solo el hecho de amar capacita para ver y reconocer el amor. En Lourdes, el hecho de impresionarse ante los actos de caridad, hace cambiar en seguida el comportamiento de cada uno en relación con todas las personas con las que se encuentra. Eso se nota, ante todo, en las pequeñas cosas: ceder el paso a otro, servir a otro antes que a uno mismo, facilitar a otro las pequeñas cosas de la vida diaria, en resumen, dar la preferencia a los demás.

Cada una de estas actitudes, cada uno de estos gestos son otras tantas ocasiones de experimentar un poco aquello de que es signo la cruz. Ceder el primer puesto a otro puede ser, en cierto modo, un paso difícil de dar; pero, una vez hecho, el que se ha decidido a ir por este camino experimentará la paz y la alegría en su corazón. Es señal de que por medio de su gesto, encontró a Jesucristo y de que Jesucristo le hizo pasar de una realidad a otra. Así pues, en esta tercera etapa, cada pequeño gesto realizado ayudará a captar la omnipresencia de la señal de la cruz, y a percibir un poco la invisible presencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo Espíritu, que actúan en este mundo.



4 - Hacer presente la señal de la cruz

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La señal de la cruz consiste en un gesto y unas palabras que se unen en un mismo acto. Por eso, cuando nos santiguamos diciendo al mismo tiempo la invocación trinitaria “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo“, nuestra señal de la cruz es entonces como la “síntesis ” de nuestra fe, ya que, invocando a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, junto con la señal de la cruz, decimos al mismo tiempo quién es Dios, quienes somos nosotros, y cómo Dios se une a nosotros.

Con ese gesto inseparable de la invocación al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, en cuyo nombre lo realizamos, manifestamos públicamente que Dios es Amor, que revela su Amor en el misterio de la cruz, que nos revela al mismo tiempo nuestra propia vocación al amor, y que, por la cruz, se nos da la capacidad de vivir a la manera de Dios.

Por lo tanto, hacer presente la señal de la cruz no consiste en la multiplicación de los gestos, sino en el hecho de no separar l esto de la señal de la cruz que realizamos, de la invocación trinitaria que lo acompaña, que le da sentido y lo hace eficaz.

Pero la señal de la cruz no se limita, sin embargo, al gesto realizado con la invocación trinitaria. Se expresa, sobre todo, en todas las situaciones de la experiencia humana que pueden vivirse a la luz de la cruz de Jesucristo, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Por todo eso la señal de la cruz se hace presente de verdad.

Jesús no esperó a la hora del calvario para hacer presente la señal de la cruz. Puesto que toda su vida sobre la tierra fue una entrega total de sí mismo (y eso es la cruz), la señal de la cruz está siempre presente en el Evangelio. Se la encuentra en cada situación vivida por Jesús, en cada una de sus actitudes, en cada uno de sus gestos, en todos sus encuentros.

En cuanto a nosotros, mientras aspiramos al amor, nuestra vida diaria está marcada, a menudo, por el sufrimiento. Pero es precisamente en todas estas situaciones cuando podemos hacer presente a señal de a cruz.

Y es, ante todo, por amor. Porque no sólo no hay amor sin sufrimiento, sino que cuanto más se ama, más se sufre. Por esta razón sufrir amando no es sufrir, sino amar. De esta manera, la experiencia del amor vivida “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo ” se convierte en señal de la cruz, puesto que remite a la entrega que Dios hace de su Hijo, a la entrega que el Hijo hace de sí mismo y a la entrega que el Padre y el Hijo hacen del Espíritu Santo derramado en el corazón de la criatura humana.

Cuando sufrimos, y en la medida en que, en nuestra experiencia del sufrimiento, dejamos sitio al que es Amor, podemos vivir una situación dolorosa transformándola “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo ”.Por eso Bernadette, con el corazón encendido de amor, solidaria con toda la condición humana, entregando su vida, no duda en decir: “Cuando uno está tendido en el lecho del dolor, no tiene que moverse pues está en l cruz ”.

Finalmente, cuando nos situamos ante el sufrimiento de los demás de una forma o de otra, donde hay sufrimiento hay que poner amor, es decir, entregar su vida. Porque donde hay amor, allí está Dios. “Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y mevestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.”(Mt 25, 35-336).. Así, cuando el amor transforma todo sufrimiento en amor, la señal de la cruz se hace presente “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Bernadette no esperó a “estar molida como un grano de trigo ” para que su vida fuera una grande y auténtica señal de la cruz, por la entrega ella misma.

Para cada uno de nosotros, hacer presente la señal de la cruz es un acto de cada momento, vivido en las pequeñas cosas de la vida ordinaria. Esto depende de nuestra iniciativa, de nuestra imaginación y de nuestra creatividad.

Se trata de decidirse a querer amar, es decir, a querer dar su vida por los demás.

Interrogantes que podemos plantearnos

  • ¿Hacer presente la señal de la cruz forma parte de mis prioridades diarias?
  • ¿Cómo la hago presente? ¿solo? ¿con otros? ¿en la comunidad cristiana? ¿en mi lugar de trabajo? ¿en la ida social?
  • ¿Cómo me ayuda la peregrinación a Lourdes a hacer presente la señal de a cruz?
  • ¿Es significativa para mí la manera como Bernadette hace presente la señal de a cruz?
  • ¿Las contrariedades y los aspectos negativos de mi existencia son para mi únicamente obstáculos en que tropiezo?


Gesto que se puede hacer

Hacer presente la señal de la cruz está vinculado, en primer lugar, a nuestra voluntad de dar a Dios todo su sitio y, además, a nuestro deseo de amar.

Teniendo siempre presente el espléndido “himno a la caridad” de San Pablo, tratemos de vivir las palabras del Apóstol en estos días de peregrinación. Para eso, debemos intentar en todo momento ser inventivos, imaginativos y creativos. Entonces, nuestros pensamientos, nuestras palabras, nuestras acciones, vividos “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, podrán hacer presente la señal de la cruz.

“El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es maleducado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, aguanta sin límites.” (1 Cor 13, 4-8).